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Es probable que todo empresario haya estado ahí. De hecho, es lo más habitual. Comenzar un proyecto, fracasar y volver a empezar otro. Es lo que siempre hemos leído sobre los empresarios de éxito. Sin embargo, para el autónomo de a pié, todo esto es muy diferente. El día a día es duro. Las ventas no terminan de salir. O peor aún, los clientes no pagan. El grifo del crédito está cerrado.

Como empresario, algo te hueles. Las sensaciones no son buenas. Sabes que la cosa podría ir mucho mejor. Pero tendemos a retrasar decisiones. Sobretodo las que no nos gustan. Pensamos que el tiempo lo pondrá todo en su lugar, pero no nos paramos a pensar qué puede estar pasando.

1. Se honesto

No intentes engañar a nadie. Y menos, a ti mismo. Si las cosas se ponen feas es muy probable que necesites de una buena red de contactos que proporcionen otra oportunidad. En caso de que con el tiempo, no hayas construido dicha red, va a ser complicado tener la confianza de alguien, cuando ni tú mismo crees que las cosas vayan ir a mejor.

Y lo peor, es no ser honesto con uno mismo y engañarse. Pensando que se está haciendo todo lo que se puede. Que las cosas mejorarán con el tiempo.

Se honesto con los trabajadores, también. Como cualquier otra persona, se darán cuenta cuando un momento no es bueno, cuando es malo y cuando la situación es crítica. Lo último que te hace falta son personas saltando del barco en un momento así. Si eres sincero, transparente, propones un plan y les hablas sobre los pasos a seguir, es probable que todos empujéis en un mismo sentido. Y la cosa sea mucho más fácil que estando solo.

2. Diferenciación, al máximo

Aunque pueda parecer una locura, algo que te diferencie de forma extrema de tus competidores puede llegar a ser algo bueno. En cualquier caso y llegados a este punto, hay poco que perder. Lo importante, es que para llevar a cabo esto, no se necesite de demasiado endeudamiento. Que en cuyo caso, sería una locura muy peligrosa.

3. Cuidado con la falta de liquidez

Cuando un negocio no es rentable, se come la caja. La liquidez. Ya hemos hablado aquí de ello en otras ocasiones. Es una trampa que con el tiempo, se puede llevar todo por delante. Cada día que pasa, juega en tu contra. Y en muchas ocasiones lo mejor es parar la sangría. Como dice Warren Buffet: “si estás cavando un hoyo, lo que tienes que hacer es dejar de cavar e intentar salir, no cavar más hondo.”

4. No temas en levantar la bandera

En muchas ocasiones se ha utilizado la analogía del mundo empresarial con el hecho de ganar una batalla, o la guerra. Que un negocio en concreto no funcione, es perder una batalla. Sin embargo, el objetivo es ganar a largo plazo. Puedes volver a intentarlo.

Lo importante es saber en el momento adecuado cuando te debes retirar. Y no dejar que el punto 3, haga que lo arrastres varios años, impidiéndote volverlo a intentar.

5. Mantén a tus competidores

Conocer lo que hace actualmente la competencia de tu empresa te facilitará la tarea de saber dónde estás fallando. Si la competencia es fuerte y rentable, no pierdas la relación que puedas tener con ella. Mantén cerca a tus competidores.

 

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